¿Se están convirtiendo las Ciudades de Sigmar en los nuevos protagonistas de Age of Sigmar?

Durante los últimos meses, Ciudades de Sigmar ha ido ganando un protagonismo cada vez mayor dentro de Age of Sigmar. Nuevas miniaturas, apariciones destacadas en productos recientes y un peso creciente dentro del trasfondo han despertado una pregunta entre muchos aficionados: ¿está Games Workshop preparando a las Ciudades de Sigmar para convertirse en la nueva cara del juego?
Es una cuestión que ha generado bastante debate entre la comunidad y que deja una conclusión interesante: la facción está viviendo uno de sus mejores momentos, aunque eso no significa necesariamente que vaya a sustituir a los Stormcast Eternals.
Una facción con la que es fácil identificarse
Uno de los argumentos que más se repite entre los aficionados es que Ciudades de Sigmar representa mejor a los habitantes normales de los Reinos Mortales.
A diferencia de los Forjados de la Tormenta, que son guerreros casi divinos, los soldados de las Ciudades son personas corrientes que luchan contra demonios, monstruos y horrores mucho más poderosos que ellos. Esa sensación de enfrentarse a lo imposible con determinación resulta muy atractiva para muchos jugadores.
No son pocos los que comparan esta situación con la relación entre la Guardia Imperial y los Marines Espaciales en Warhammer 40.000: una facción más humana, más cercana y con la que resulta sencillo empatizar.

Los Stormcast siguen siendo el icono del juego
A pesar del entusiasmo que rodea a las Ciudades de Sigmar, el consenso general parece ser que los Forjados de la Tormenta seguirán siendo la imagen principal de Age of Sigmar.
Su papel como protagonistas de las grandes campañas, su presencia en los lanzamientos de nuevas ediciones y la facilidad para ampliar su gama hacen difícil imaginar un relevo a corto plazo.
Más bien, la sensación predominante es que Games Workshop está apostando por repartir el protagonismo entre varias facciones, permitiendo que el universo resulte más variado y ofrezca historias desde diferentes puntos de vista.
¿Son realmente los “buenos” de los Reinos Mortales?
Otro aspecto que llama la atención es el papel moral de las Ciudades de Sigmar.
Aunque pertenecen a las fuerzas del Orden, no son una facción completamente heroica. Sus campañas de expansión, la fundación de nuevos asentamientos o los conflictos con otros pueblos muestran que también toman decisiones cuestionables cuando consideran que es necesario proteger la civilización.
Esa complejidad encaja perfectamente con uno de los rasgos más característicos de Warhammer: incluso los héroes tienen luces y sombras.

Un diseño que está conquistando a los jugadores
Si hay algo en lo que prácticamente toda la comunidad coincide es en el enorme acierto de su renovación.
Las nuevas miniaturas combinan la estética clásica de la antigua humanidad de Warhammer Fantasy con un diseño mucho más moderno y espectacular. El resultado transmite la sensación de un ejército formado por personas normales que plantan cara a amenazas descomunales.
Precisamente esa mezcla de épica y cercanía parece estar atrayendo tanto a veteranos que echaban de menos este estilo como a nuevos jugadores que buscan un ejército con el que identificarse desde el primer momento.
Nuestra opinión
Las Ciudades de Sigmar están viviendo un momento excelente y probablemente seguirán ganando protagonismo durante los próximos años. Su propuesta ofrece algo diferente dentro de Age of Sigmar: héroes más vulnerables, ciudades que merecen ser defendidas y una perspectiva mucho más cercana de los Reinos Mortales.
Sin embargo, eso no implica que los Forjados de la Tormenta hayan perdido su lugar. Todo apunta a que Games Workshop está construyendo un universo donde ambas facciones se complementan. Los Forjados de la Tormenta representan la épica de los semidioses enviados por Sigmar, mientras que las Ciudades de Sigmar ponen el foco en quienes luchan cada día por sobrevivir.
Si esta tendencia continúa, Age of Sigmar saldrá ganando. Un mundo necesita grandes héroes, pero también necesita personas corrientes capaces de recordar qué es exactamente lo que merece la pena proteger.
